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  • sokai dojo zen

Abandonar el palacio y entrar en la montaña

Actualizado: mar 11

Cuando Sakyamuni Buda abandonó su palacio, entró en la montaña. Su padre, siendo el rey, no maldijo las montañas, ni albergó pensamientos aciagos contra los maestros de la montaña. El Buda no abandonó la montaña durante doce años de práctica severa, y fue en las montañas donde experimentó el satori. Ni si quiera el rey tiene autoridad sobre las montañas.

Reflexionad sobre esto, y no consideréis las montañas solo desde vuestro punto de vista.

Shōbōgenzō Sansuikyo (El Sutra de las montañas y el agua) del sramana Dōgen Zenji, monje de las montañas.

Abandonar el palacio, entrar en la montaña.

Para los dragones y los peces el agua es un palacio. Es su mundo.

Para Sakyamuni el palacio no era nada especial. El palacio era su mundo.

Pero algunos dragones y algunos peces pueden darse cuenta de que lo que perciben como un palacio, en realidad es agua en movimiento. Esto le sucedió al Gran Dragón de la India.

Y abandonó su palacio, y entró en la montaña inmóvil de zazen.

Lo relativo entra en lo absoluto. Lo oblicuo penetra en lo recto.

Shiki soku ze Ku.


Después de doce años de práctica severa, sin abandonar la montaña, Buda regresó a los caminos para compartir el satori.

Lo absoluto vuelve a lo relativo. Lo recto penetra en lo oblicuo.

Ku soku ze shiki.


Abandonar el palacio.

Entrar en la montaña silenciosa.

Nuestro personaje patético llega al dojo arrastrando su saco de piel y huesos, el príncipe, o la princesa, se descalza y se sienta sobre el zafú, empujando el cielo con la coronilla. Abandonamos el palacio y entramos en la montaña silenciosa. Lo recto penetra lo oblicuo, lo oblicuo penetra lo recto. Hishiryo.


Ni si quiera el rey tiene autoridad sobre las montañas.


Con un golpe de madera la mente roja vuelve momento a momento.


Dejar atrás el palacio, abandonar el hogar, dejar la morada, vivir sin demorarse en lo conocido, es el camino que los monjes y las monjas Zen han elegido, la vía del homeless, la vida sin morada, y siguen los pasos de Kodo el sinhogar y de su discípulo Sodosan, el maestro de la flauta de hoja de árbol que practicaba zazen todos los días en el parque público de Komoro. Rechazar mente y cuerpo.


Permitidme que dedique unos versos a las personas que practican zazen regularmente en Sokai.


Descalzarse

respetar el silencio

entrar en la montaña

crecen los días, amanece al final de zazen

cada mañana abandonamos nuestras complicaciones en sampai




(Foto; bosque de Peloño, parque natural de Redes, Ponga, Asturies)

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