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  • sokai dojo zen

Abandono fundamental

En la historia del Zen hay dos figuras importantes, Eno, el sexto patriarca, y Tozan, el fundador de la escuela Caodong que dará lugar a Soto japonés siglos después. Entre estas dos figuras del Zen hay un punto en común interesante, relatado en ambos casos por Jokin Keizan en el Denkoroku.


Eno se quedó huérfano de padre muy joven y trabajó recogiendo leña en el bosque para venderla en la ciudad, y ayudar así a su madre. Cuando tomó la decisión de entrar en la Vía del Buda, dejó atrás a su anciana madre.


Tozan era el favorito de su madre. Su padre y su hermano mayor habían fallecido. Cuando decidió entrar en la vida monástica, abandonó a su madre. Tiempo después ella se unió a un grupo de mendigos para ir en busca de su hijo. Cuando dio con el templo en el que practicaba su hijo, y fue en su busca, este se negó a salir de su habitación, y ella murió de pena. Tiempo después se apareció en sueños para agradecerle que le hubiese ayudado a deshacerse del apego del amor, gracias a lo cual había podido renacer en el cielo de la satisfacción.


Ambas historias enseñan un momento, podemos decir “crítico”, en el camino espiritual de los patriarcas; el momento de una renuncia fundamental. No hay ningún verdadero camino espiritual que no pase por alguna forma de renuncia fundamental.

De alguna manera el Zen es un salto al vacío. Aún más cuando dejas de practicar a solas y decides practicar con una comunidad. En algún momento tendrás que abandonar, dejar atrás la seguridad del acantilado y saltar al vacío. En cierto modo lo puedes considerar una “pérdida”, o el “cielo de la satisfacción”. Sea como sea, transitar por un camino espiritual conlleva un abandono fundamental, íntimo, al que cada cual tiene que enfrentarse. Antes o después, de un modo u otro, tenemos que dar un salto al vacío. Es ineludible. Y en ese salto al vacío nos sostienen las alas de zazen y el Kesa.

Buen zazen


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