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El frío y el calor según Tozan Ryokai

En una ocasión un monje antiguo preguntó al Gran Maestro Tozan Ryokai:

- Cuando aparece en nuestro camino el frío o el calor ¿Cómo hacemos para evitarlo?

- ¿Por qué no te diriges al lugar en el que no hace ni frío ni calor? -replicó el Maestro.

- ¿Cuál es ese lugar en el que no hace ni frío ni calor? -preguntó el monje

- Cuando hace frío, acharya, entrégate al frío, cuando hace calor, acharya, entrégate al calor.


Mucha gente en el pasado ha empleado muchos pensamientos en este mondo, y hoy en día mucha gente necesita esforzarse para practicar con este mondo. […] En este mondo se manifiesta la Naturaleza Original como la cuestión espiritual de los Budas y Ancestros.


Este es un mondo entre el Maestro Tozan (1) y un acharya (2) que relata Dogen al principio de un capítulo del Shobogenzo titulado Shunju. El resto del capítulo Dogen repasa algunos comentarios a este mondo escritos por antiguos maestros, como Fuyo Dokai y Wanshi Shogaku.


La misma historia aparece también en el Eihei Koroku (3) y en la colección de koans de las Crónicas del Acantilado Azul, Caso 43.


¿Sobre qué trata este mondo? Dogen dice que en este mondo se manifiesta la Naturaleza Original como la cuestión espiritual de los Budas y Ancestros: Dogen nos desvela desde el principio de qué trata el mondo; la cuestión espiritual .


Empecemos por la pregunta del monje: Cuando aparece en nuestro camino el frío o el calor ¿Cómo hacemos para evitarlo?


Hay que tener en cuenta cuando leemos textos Zen antiguos, que la manera en la que se comunican maestro y discípulo es un tanto “oblicua”, poética, ambigua; el discípulo no suele plantear una pregunta muy directa sobre sus dudas en la práctica. Y el maestro entiende esas dudas, capta la mente del discípulo, y su respuesta es igualmente oblicua, no directa, no explícita, desvela sin descubrir del todo, y es tarea del discípulo trabajar sobre la respuesta. En esto consiste un poco el arte del mondo, es como jugar con las palabras, y es el trabajo sobre el koan, ir más allá de las palabras.


La pregunta del monje es la que da título al capítulo; Shunju (春秋). H. Nearman lo traduce al inglés como Sobre la primavera y el otoño; calentamiento y enfriamiento. Shun (春), la primavera, el calentamiento, el aumento de la temperatura, en sentido figurado, la aparición del deseo sexual. Ju (秋), el otoño, las lluvias de otoño, el enfriamiento. Ambos caracteres denotan el cambio, el incremento y la disminución. La primavera y el otoño son periodos de transformación.


Entonces, el monje pregunta, ¿Cómo evitar el aumento de la temperatura o el enfriamiento que aparecen cuando recorremos el camino?

Los cambios pertenecen al mundo condicionado, al mundo de los fenómenos sometidos a la ley de la causa y el efecto, al mundo de nuestras categorías, nuestras discriminaciones, frío calor, amor odio... La pregunta del monje la podemos interpretar como ¿Qué hacemos con el mundo condicionado, con nuestro karma, si queremos practicar la Vía?


Esta es la primera parte de la cuestión espiritual. Toda persona que se adentre en una Vía espiritual se encuentra con esta cuestión; ¿qué hacer con mis condiciones de vida cambiantes, sujetas al ámbito de lo dependiente, de lo condicionado? En definitiva, la pregunta del monje apunta al centro de la cuestión espiritual inicial de todo practicante de la Vía: cómo ser libres de las circunstancias cambiantes que nos arrastran.


Tozan plantea la siguiente cuestión: ¿Por qué no te diriges al lugar en el que no hace ni frío ni calor? El monje sorprendido replica; ¿Cuál es ese lugar en el que no hace ni frío ni calor?

Tozan apunta al ámbito de lo independiente, lo Absoluto, lo que no depende de los cambios y por lo tanto está más allá de la ley de causa y efecto, pero tampoco se puede decir que sea fijo, es lo que no tiene forma, Buda, la Naturaleza Original, la cuestión espiritual de los Budas y Ancestros, el lugar en el que no hace ni frío ni calor, más allá de nuestras categorías, el ámbito del Nirvana, del Satori.


Entonces tenemos la cuestión del monje; cómo evitar los cambios de circunstancias que me resultan molestos, me gusta - no me gusta, como liberarse del karma. Y tenemos la indicación de Tozan sobre un lugar sin frío ni calor, sin forma, sin categorías, sin dependencias... ¿Cómo salimos de esta dualidad entre el mundo de las categorías, de las formas, Shiki, y el ámbito de la vacuidad, sin forma, Ku? Esta es una cuestión espiritual, es decir, es una cuestión que en realidad solo interesa a las personas que buscan sinceramente la Vía. Las personas que no tienen una dimensión espiritual en sus vidas no viven este conflicto, no aspiran al Despertar, permanecen en la cuestión de cómo evitar lo que me resulta molesto, buscando en el amor, el dinero, el éxito, la salud... cosas que en sí no tienen nada de malo, pero pertenecen al mundo del polvo rojo, al mundo condicionado; cuando consigo el amor soy feliz, cuando el amor se extingue... sufro. Es la vida de las personas que no aspiran a alcanzar el lugar más allá de lo molesto o lo no molesto, que no tienen una verdadera aspiración al Despertar (bodaishin). Muchas personas buscan practicar meditación con ese interés, el de aliviarse un poco del frío y el calor... Zazen nos lleva un paso más allá.


Así que esta pregunta, ¿Cómo resolver esta dualidad entre mi vida ordinaria de todos los días y la práctica de la Vía?, es una cuestión espiritual, es la cuestión espiritual en la que han trabajado los Ancestros del Zen, y que Tozan abordó con su enseñanza sobre los Go I, las cinco etapas de la práctica de la Vía (4).


En sus inicios el budismo antiguo, el budismo Theravada, trató la cuestión espiritual optando por la vida monástica, apartándose del mundo social, retirándose a vivir a un bosque. Después, en el siglo II, apareció una nueva conciencia en el budismo, la Vía Mahayana, que iba más allá de la dualidad Samsara – Nirvana, ilusiones – despertar. Y el Zen refinó esa práctica, la llevó a sus últimas consecuencias, resolviendo de este modo la cuestión espiritual. Hay un bonito mondo que aclara muy bien ese espíritu del Zen. Se trata de una conversación entre el Maestro Bokujo y un monje, que estaba preocupado por que las tareas diarias estorbasen a su búsqueda espiritual:


- Maestro, cada día tenemos que comer y vestirnos, ¿Cómo podemos liberarnos de eso?

- Comemos, nos vestimos -respondió Bokujo.

- No entiendo -replicó el monje.

- Si no entiendes, vete a vestir tu ropa y comer tu comida


Dicho de otra forma, si hace frío, nos entregamos al frío, y si hace calor nos entregamos al calor. Encontramos la dimensión del Satori, de la Naturaleza Original, en medio de nuestras circunstancias de vida cotidiana. No hay una Vía de Buda separada de tu actividad cotidiana. Este es el sabor del Zen, que no debemos cansarnos de repetir una y otra vez: Practicamos con, apartir de, nuestras condiciones de vida reales, no buscamos evitarlas, no buscamos evadirnos. Evitar no funciona. Una vez la nuestra vecina de a lado del dojo vio que salíamos de zazen (sabe que practicamos "meditación") y me dijo; “No sé cómo conseguís desconectar”. Zazen no consiste en desconectar. Si te retiras a practicar a la montaña, allí te encontrarás con tu karma.


Una vez vino a sentarse al dojo una persona que había practicado previamente un retiro (sesshin) en el templo de la Gendronière, el templo Zen en Francia fundado por el maestro Deshimaru. El entorno es maravilloso, un bosque cerca del Loira, con un dojo precioso, unas antiguas caballerizas, realmente un paraje ideal. Esta persona de la que hablo recordaba ese paisaje, y la meditación por la mañana escuchando los pajaritos cantar y todo eso. Nuestro dojo está en un entresuelo, se escucha el ruido de la calle, es un dojo urbano, no es ni de lejos la Gendronière. Y a esta persona le parecía que el templo era un lugar “mejor” para practicar el Zen. De hecho no ha vuelta más a sentarse al dojo. Pero la enseñanza que me dio esta persona fue muy interesante: Este es nuestro lugar de práctica, y es el mejor lugar de práctica que podemos tener. Si vas al templo y escuchas los pajaritos por la mañana, practicas con los pajaritos. Si vienes al dojo y escuchas pasar el autobús, practicas con el autobús.


Cuando vivía en África, cerca de mi casa había un barranco polvoriento y lleno de basura. Cuando empezaba la sesión de lluvias, el barranco se volvía una charca de barro marrón, y a las pocas semanas, se cubría de flores. En medio del barranco polvoriento aparecía un magnífico campo de nenúfares blancos flotando con sus grandes hojas. Era precioso de ver. Nuestra naturaleza de Buda está ahí, brota en medio del barro del mundo, en medio de nuestras circunstancias de vida ordinaria. Sin separación. No evitamos ni el frío ni el calor, encontramos en medio del frío y del calor el lugar en el que no hace ni frío ni calor. Zazen es dejar de evitar. Eso ya lo hemos hecho mucho tiempo y no ha funcionado.


Y por cierto, cuando frío encendemos la calefacción, y cando hace calor abrimos las ventanas para que corra un poco el aire. El Zen es muy simple, por eso es tan difícil.

La Vía está bajo tus pies (Maestro Tozan Ryokai)



(Notas de los kusen que hacemos durante zazen. Sokai dojo zen, Gijón, septiembre de 2019)





NOTAS

1 Tozan Ryokai es un maestro T'Chan del siglo IX. Undécimo descendiente del linaje de Bodhidharma, autor del poema clásico Hokyo Zanmai, es considerado junto a su discípulo Sozan, el ancestro de la escuela Qaodong (Jp. Soto)

2 Acharya es término que proviene del sánscrito, y es una forma de referirse de manera cortés a un monje con al menos cinco años de práctica, o un discípulo capaz de enseñar a otros monjes y laicos, sin ser un maestro/a.

3 El Eihei Koroku es una colección de dichos de Dogen que, al igual que el Shobogenzo Zuimonki, son enseñanzas orales, dadas a los monjes en la Sala del Dharma, a diferencia de los textos del Shobogenzo, más el Fukanzazengi, el Tenzokyokun y algunos textos más, que fueron redactados por Dogen para ser leídos como una conferencia.

4 La Asociación Zen Taisen Deshimaru publicó el año pasado para sus miembros las transcripciones de la enseñanza de la Maestra Bárbara Kosen sobre el Hokyo Zanmai de Tozan. En ese texto se encuentran comentados los Go I, que aparecen evocados también en el Hokyo Zanmai.

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