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  • sokai dojo zen

Fe en la mente de Buda



即心是佛

Soku-shin-ze-butsu


soku; (Adverbio de tiempo) instantáneamente, inmediatamente.

shin; mente

是ze; así, esto, algo que indica el hablante y que está cerca, eso

佛 butsu; Buda

Soku-shin-ze-butsu; La mente aquí y ahora es Buda. La mente de Buda es esto inmediato.

Este capítulo del Shōbōgenzō empieza con una crítica a Senika, un filósofo indio, que Dōgen califica de no budista, así lo califica también el maestro Echu Daishō. Senika dice así;

La gran verdad está en nuestro cuerpo, es decir, que hay una inteligencia que nos permite distinguir el dolor del placer, que siente el frío y el calor, y que no está limitada a las circunstancias que aparecen y pasan... Cuando el cuerpo muere, esta inteligencia se va, como el dueño de la casa que se va cuando la casa se incendia.


Este es el punto de vista que critica Dōgen, esta enseñanza a cerca de la mente, que es en parte “naturalista”; la mente son los sentidos, el pensamiento, etc., es decir, la mente individual de la Psicología. Y en parte el punto de vista de Senika es “esencialista”; esa mente sobrevive a la muerte del cuerpo, como lo hace el alma de las religiones monoteístas. Y en consecuencia, esa mente es una entidad al margen de las circunstancias, independiente de los fenómenos que aparecen y pasan. Este punto es el más alejado de lo que enseña el budismo; la mente como una entidad aislada, individual e independiente del mundo.


Para establecer su enseñanza sobre qué es soku-shin-ze-butsu Dōgen cita unas palabras del maestro Isan, que ocurren en una conversación con el maestro Kyōgen;

¿Qué es la mente correcta, pura y brillante? Son las montañas y los ríos, y la tierra, el sol, la luna y las estrellas (los dharmas, las existencias), y no hay olas o superficie que añadir, ni viento ni humo.


Y antes Dōgen había escrito;

La mente que se ha transmitido auténticamente quiere decir una mente como todos los dharmas (todas las existencias, el sol, las montañas...), y todos los dharmas como una mente.

...

La mente existe como vallas y muros, nunca está turbia ni húmeda, y nunca es algo construido artificialmente, y aprendemos con nuestra práctica que esa mente aquí y ahora es Buda. Realizar esto con nuestra práctica es simplemente la mente aquí y ahora.


Entonces shin butsu, la mente de buda, no es la mente psicológica, la mente de los pensamientos, de las sensaciones, que depende de las categorías “frío – calor”, “placer – dolor”. Tampoco es la mente como una entidad separada del mundo. Shin butsu son los árboles, el sol, los muros... las existencias tal y como son en este instante, sin nada que añadir, sin crear algo artificial. Entonces Dōgen establece una principio muy interesante :

una mente como todos los dharmas (todas las existencias, el sol, las montañas, las vallas y los muros...), y todos los dharmas como una mente.

Esta “mente” es la unidad de todo lo que existe sin separación. La unidad de todo lo que existe es una sola mente. Repetir que esa mente no es la mente individual, psicológica. Así que, si la mente de Buda es todo lo que existe, podríamos decir que hay un “pensamiento cósmico”, una sabiduría cósmica que pertenece al conjunto de las existencias y que denominamos eventualmente shin butsu, “mente de Buda”, u orden cósmico, o do,tao.


Estos días me preguntaba si hay algo en lo que “creer” en el Zen, si hay una fe en algo, algo en lo que confiar más allá de nosotros mismos. Esta es una pregunta muy recurrente. Hay un poema clásico del Zen escrito por el tercer patriarca chino, Sosan, que se titula Shinjinmei, traducido como “La fe en la mente”. Este poema termina diciendo algo así como “la fe en la mente es no dos, no dos es la fe en la mente”. Evidentemente esa mente, shin, no es la mente psicológica (es importante repetirlo), es la mente no dos, es la mente sin separación de “todas las existencias como una mente, una mente como todas las existencias”.


Esta mente, este tao Zen, parece un principio muy abstracto, incluso mucho más abstracto que la idea de Dios. Pero al mismo tiempo es muy concreto, porque no es algo que “exista” separado de “todas la existencias”; las montañas y los ríos, y la tierra, el sol, la luna y las estrellas, y no hay olas o superficie que añadir, ni viento ni humo.


Eso a lo que no hay nada que añadir es soku shin ze butsu, que es al mismo tiempo todas las existencia. Esto en este instante, sin nada más que lo supere, sin nada más que lo trascienda, sin nada que añadir.


Tenemos fe en que el orden cósmico forma una unidad sin división, y ese orden es sabio, es la mente de Buda, una mente que no está más allá de esta existencia concreta, que es esta existencia concreta aquí y ahora. Nuestra práctica actualiza esta mente cuando no creamos nada artificial, sin añadir nada a eso.


Nuestra práctica es seguir el orden cósmico, nuestra fe es en la mente de Buda, una mente que es todas las existencias en este instante, y todas las existencias en este instante que son una mente, la mente de Buda. Podemos confiar en ese orden, podemos aprender a seguir ese orden cósmico con nuestra práctica, que se condensa en la expresión de Dōgen en el Fukanzazengi, “devoción por zazen”.

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