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Pasar por el cuerpo

Gestos (o actos), palabras y pensamientos (o estados de conciencia), todo está ligado. Por tanto, para conocerse, para comprender el propio karma, la introspección o el análisis psicológico no bastan, es preciso pasar por el cuerpo.


T. Deshimaru. La práctica del Zen, p 69



Es al nacer cuando un organismo se encuentra en su estado más vivo, más fluido; al morir, la rigidez es total, el rigor mortis. No podemos evitar la rigidez que viene con la edad. L que podemos evitar es la rigidez debida a tensiones musculares crónicas que resultan de conflictos emocionales no resueltos.

Todo stress produce en el cuerpo un estado de tensión. Normalmente la tensión desaparece cuando el stress es aliviado. Las tensiones crónicas, sin embargo, persisten (…) bajo la forma de una actitud inconsciente del cuerpo o de un grupo de músculos.


A. y L. Lowen. Ejercicios de Bioenergética, p 11



Conocerse pasando por el cuerpo, tal es la propuesta del Zen. Los músculos, su tensión o distensión, su rigidez o fluidez… son registros de nuestras experiencias, de nuestro karma. Cuando aprendemos a sentarnos en zazen, repitiendo una y otra vez la misma postura, ese "gesto" varía nuestro estado de conciencia, y produce paulatinamente una intimidad con uno mismo, un conocimiento de sí, que “pasa por el cuerpo”. Este es el motivo por el que en nuestra escuela a zazen se le llama también Zazen-Buda, y el motivo por el que para nosotros sentarse en zazen es una Vía, un Camino espiritual, volver a encontrarse a sí mismo, reconocer tu propio karma y transformarlo desde el cuerpo.

Cada célula de nuestro cuerpo guarda en su registro genético la historia de nuestra Especie, de la historia del Universo. Cada célula de nuestro cuerpo es una célula del Universo. Estudiarse a uno mismo es estudiar el gran Cosmos, el gran Dharma. Esta es a Vía del Zen.

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