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Sufrimiento

Hacia tiempo que tenía ganas de leeros un texto, está en un libro clásico de Deshimaru que se titula “La Práctica del Zen”. Siempre me sorprende mucho cuando veo en Internet o en los medios de comunicación, el Facebook, etc.; la imagen que la gente tiene del Budismo en general y del Zen en particular, siempre es una imagen, como muy feliz, en la que todo es muy bueno. La Primera Noble verdad con la que el Buda inicia el Anuncio del Dharma es que la existencia conlleva estrés, Dukkha, sufrimiento, malestar; no se hace tanto énfasis en eso, cuando la realidad es que la gente pasa por dificultades en la vida. Es como si el Budismo online, el Budismo cultural o el Budismo New Age pintase un panorama que a mí me deja un poco insatisfecho. Dice el texto de Deshimaru sobre el sufrimiento: “El zen es sufrimiento, inmersión en el sufrimiento. El hombre de hoy quiere escapar al sufrimiento, por eso se vuelve débil y carente de defensas ante el estrés de la vida moderna. El Zen no aconseja reuir lo que puede ser duro de soportar ni tampoco buscarlo. Es un retorno a las condiciones normales del ser, cuerpo y mente, la energia se acrecienta, se adquiere una actitud justa que pone las cosas en su sitio, sin que la imaginación las agrave. La referencia a la ecuación vida-muerte está constamente presente en el Zen, esa ecuación dota de una gran fuerza física y moral a la vida cotidiana, entrenarse en el zazen es entrenarse en la aceptación del dolor. En general se quiere huir de lo penoso, los principiantes suelen sentir un poco de dolor, bastante o incluso mucho, incluso los expertos. El dolor despierta a veces, no hay que levantarse, se trata de no pensar en ello, aunque al hacerlo suponga estar fuertemente entrenado en el esfuerzo por la práctica y en la práctica. El trabajo es alimentado, mantenido o acrecentado por el trabajo mental, sufrir es siempre pensar que se sufre, asi se sufre más todavía, todo cuanto hemos relegado, desterrado a las profundidades de nuestro ser y que parece ya olvidado puede despertar súbitamente a causa de un choque súbito o por causa de las circunstancias reaparece este contenido y se transforma en sufrimiento, multiplicando a veces considerablemente y de manera intolerable cualquier pequeña herida de amor propio que la vida suele causar. Durante zazen el pensamiento consciente está prácticamente detenido y la conciencia se vuelve apacible, tranquila, receptiva, entonces la postura mantenida, la atmósfera del Dojo, la enseñanza del Maestro, la práctica de la respiración profunda, crean un clima en el que ni se piensa ni se sufre, se vive en las profundidades del propio ser donde todo es silencio, vacio absoluto. Debéis pareceros al muerto que reposa en su ataúd, nada es importante enfrentado a la propia muerte". Dogen dice en un texto, “si iluminas solo una parte la otra queda en la oscuridad”. Si se observa sólo un lado el otro queda en oculto, la práctica del Zen consiste en iluminar a la vez las dos cosas, esto y lo otro. Shunryu Suzuki dice que una de las expresiones más "zen" que hay es: “y también”, -esto y también lo otro. Tan erróneo es sólo ver sufrimiento en la existencia como pensar que todo es felicidad y placer, "si iluminas solo una parte dejas la otra en la oscuridad". Entonces sí, hay felicidad en la práctica, por supuesto, hay méritos, a la larga zazen nos proporciona una tranquilidad mental que no nos proporciona de otra manera otra práctica, es verdad, esa tranquilidad mental nos proporciona felicidad, nos permite sentirnos vivos en cada instante. Pero cuando sólo le pones énfasis a eso, que es un poco el estilo del Budismo cultural online, pasas por alto el sufrimiento. Zazen, el Zen no consiste en quitarle la cara a nada, no consiste en negar el sufrimiento, que es innegable, sino no hacer un drama con ello. Entonces una impresión, que me da un poco de esa cierta tendencia que todos tenemos cuando queremos presentar la práctica como algo feliz, como si quisieses recoger la fruta de un árbol sin haber antes plantado. No se puede recoger la cosecha si antes no has sembrado. A través de la práctica de zazen el sufrimiento se torna en felicidad. Gran sufrimiento gran Satori, gran sufrimiento gran Nirvana En realidad Nirvana y sufrimiento no están separados, no son dos cosas. El punto de zazen es observar como viene y como va, como las olas del mar, como del sufrimiento puede surgir la felicidad. Se forman las nubes y luego se desahacen, entoces el Ojo de la Sabiduria de Buda, Prajnaparamita lo que cantamos en el Hannya Shingyo tiene que ver con la vacuidad, con la impermanencia de los fenómenos, el dolor no es eterno, la alegría tampoco, van y vienen. La sabiduría consiste en no dejarse arrastrar por ello, en observarlo con el Ojo de Prajna, de la Sabiduría. Cuando toca disfrutar disfrutamos, cuando toca soportar una mala racha la soportamos, entrenamos la paciencia, aprendemos cómo es el Dharma en este aprendizaje sin fin que es la Vía del Buda. No todo es felicidad, no todo es sufrimiento. La existencia conlleva Dukkha. Deshimaru va muy lejos cuando dice el Zen es sufrimiento, inmersión en el sufrimiento. Zazen es como entrar en el ataud. Tú también, como la flor del arreglo floral, vas a secarte un día, esto es un motivo para esforzarnos en la práctica, esta requiere de un esfuerzo, no puedes recoger la fruta de un árbol que no has plantado. Os deseo una buena y larga práctica.

Kusen de julio 2017. Monje Gi Kai

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