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Una forma de sentarse

Zazen es una palabra compuesta, de origen japonés que significa sentarse (za) concentrado (zen). El término "Zen" proviene del Chino "T'Chan", que a su vez es la pronunciación del término sánscrito "Dhyana", que significa "estado de concentración", el estado mental que se cultiva durante la meditación sentada. Esta forma de meditación es la práctica fundamental de nuestra escuela, que se remonta a la experiencia de despertar del Buda.

Nos sentamos sobre un zafú (cojín redondo), con las piernas cruzadas, la espalda estirada, las manos recogidas contra el abdomen, la mano izquierda sobre la derecha, los pulgares en contacto, rectos, la cabeza erguida... Es la conocida como postura de loto o medio loto.

Espiramos el aire por la nariz, lentamente, relajando el bajo vientre...

La mente durante zazen permanece atenta al momento presente, concentrados en la postura del cuerpo y en la espiración del aire... Se piensa sin pensar, sin desarrollar la película, pero tampoco sin reprimir los contenidos mentales, solo devolver la atención al momento presente.​

 

Un método

Esta forma de meditación es propia de la tradición budista Soto Zen, así actualizamos la enseñanza milenaria del Buda, estudiamos el budismo con nuestro cuerpo y mente.​ Este método sencillo, repetido de manera cotidiana, nos devuelve a un estado de calma, de atención, en el que recuperamos nuestra condición normal.

Inicialmente la práctica de zazen requiere un esfuerzo, tanto físico como mental. Cruzar las piernas sentados sobre un cojín, o mantener la concentración, es exigente. Y mantener una continuidad en la práctica, ser constante, requiere disciplina. Esta dificultad inicial y esta exigencia forman parte del “método Zen”, es una educación, la ecuación que nos da la práctica de zazen. Por este motivo zazen es algo más que “una meditación” al uso. Es un método profundo de transformación, es “seguir la Vía del Buda”.

 

En grupo

Una de las leyes del Cosmos que contempla la enseñanza del Buda es la interdependencia de todas las existencias. Si prestamos atención a este punto, podremos entender por qué practicamos juntos y no en soledad. El Maestro Deshimaru comparaba la práctica en el Dojo con un fuego: cuanta más leña, más poderoso es el fuego. En el Dojo nos ayudamos mutuamente a desarrollar una práctica fuerte. Seguir los horarios, concentrarse en las acciones básicas de cómo andar o cómo sentarse, permite encontrar de nuevo la dignidad natural del ser humano, a menudo escondida por el condicionamiento de la vida pasada